Son tiempos complicados en nuestra sociedad, la parte deportiva no escapa a todo esto por eso es importante saber que no hay que darle demasiados vueltas a la competición. No te debe importar si gana o pierde. Lo importante es: que disfrute y se esfuerce por conseguirlo. Seguro que se te ocurren mil ideas para transmitirle antes del partido que te parecen geniales y que van a conseguir que tu hijo juegue mejor pero hay que respetar el trabajo de los entrenadores, ellos son los que realmente tienen la palabra. Evita posibles conflictos que no ayudan para nada el desarrollo deportivo y personal de tu hijo. Limítate a ser su padre aunque tengas la fórmula perfecta para ganar el partido. Tu hijo, lo único que espera de ti, es que le quieras por ser su padre. Si durante un partido, en lugar de contemplar el esfuerzo que realizan los chicos nos giramos hacia las gradas, podremos contemplar a los padres de estos jugadores con distintas actitudes. Es increíble lo que vemos en muchas ocasiones. Señores muy educados, tranquilos y serenos que nos transformamos en auténticos energúmenos descontrolados y violentos. Gritamos desesperadamente contra todo lo que vemos sin objetividad alguna. Es muy difícil controlar las emociones que genera un intenso partido en el que nuestro hijo juega con un complicado rival. Sin embargo, queremos recordar que nuestro comportamiento va a influir directamente en el desarrollo personal de nuestros hijos a través del deporte. Si lo único que nos interesa es el resultado final, con eso se quedarán ellos. Si lo que los padres valoramos es el esfuerzo que han puesto para conseguir la victoria, eso es lo que ellos valorarán. Como estamos apreciando de forma constante, la actitud del padre es fundamental siempre. ¿Cómo nos dirigimos a ellos tras un partido? ¿Cómo les miramos? ¿Qué les preguntamos? ¿Qué importancia le damos al resultado?. Es aconsejable que los padres dejen a sus hijos disfrutar de sus emociones. No es momento para corregirles nada o explicarles cómo debía haber hecho tal jugada. No es momento nunca, pero menos ahora. Si tu hijo se ha esforzado durante el partido, felicítale y valora la experiencia deportiva junto a él. A veces un simple abrazo cuando sale del vestuario es suficiente. De esta forma, él sabe que tú siempre vas a estar a su lado. No discutas alguna jugada del partido con otros padres o espectadores delante de él. Deja que el partido acabe en el momento que el juego se termine. Tampoco es momento para hablar con el entrenador después del partido. Hay otros momentos en la semana que quizá el entrenador esté en mejores condiciones para atendernos. Recuerda, por tanto, que tu hijo sólo ha jugado un partido, donde lo habrá hecho mejor o peor, habrá ganado o perdido. Habrá cometido errores o realizado aciertos pero sólo ha jugado un partido. No por ello es ni mejor ni peor persona, ni tampoco se sentirá más o menos querido por sus padres.